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Presidentotafio

Amigos: Javier del Hoyo cuenta en su diccionario fúnebre que la palabra "cenotafio" procede del latín "cenatophim" y ésta, a su vez, de dos palabras griegas: "kénos" (vacío) y "táphos" (sepulcro). Cenotafio alude al monumento funerario, sin cadáver, sin fiambre dentro, no ejerce de pudridero. En el mundo hay muchos cenotafios que recuerdan a muchas personas ilustres. La imagen muestra los cenotafios de dos músicos muy conocidos. En Florencia, en la iglesia de Santa María de Angeli, está el cenotafio del autor de la Divina Comedia, pero su cuerpo está en Rávena, en una humildísima tumba en la iglesia de los Franciscanos. Del Hoyo traduce del latín el contenido de su epitafio:

"Los derechos de la monarquía, el cielo y las aguas infernales del Flegetonte, visité en poema mientras perduró mi destino mortal. Pero mi alma fue llevada como huésped a un mejor lugar, vive dichosa entre los astros con su Creador. Aquí yazgo yo, Dante, exiliado de mi tierra, hijo de Florencia, patria de poco amor".

En Alcalá de Henares tenemos varios cenotafios. El de El Escorial y "Cuelgamuros" son cenotafios a lo grande, auténticos mausoleos. Dignos del sátrapa persa Mausolo al que le debemos el origen de la palabra mausoleo.

La palabra "averno" significa ausencia de pájaros. Los griegos y los romanos creían que el infierno era un cráter ubicado en la Campania que emanaba gases tóxicos. Ninguna ave podía sobrevolar ese espacio.

El cenotafio localizado en la C/ Santa Engracia alberga a un presidente que no ejerce, le ocurre lo que al cenotafio, bien podemos llamarlo "presidentotafio", su despacho emana una"“modorrera" que impide que aniden las ideas, la imaginación, produce somnolencia, torpeza e inactividad. El edificio se ha convertido en un gigantesco sepulcro vacío de ideas.

El cenotafio de "Cuelgamuros" pasó demasiado tiempo vacío; el de Santa Engracia, lleva demasiado tiempo ocupado. Octubre y Nueva Gremial son las claves para su desalojo.

Nota: Casi nadie quiere hablar del habitante de Hades, del hermano del sueño, la muerte en griego es masculina (Thánatos), personaje representado con ropajes siniestros. Acercarse al mundo que rodea la muerte desde la curiosidad, desde el miedo o el morbo puede ser atractivo. El diccionario de Javier del Hoyo puede dar mucho juego.

Persiguiendo a Forges

Hace ya años llegó a mis manos un divertido y pequeño folleto editado por una compañía de seguros, Mapfre, Pelayo o Mutua Madrileña, no recuerdo cuál de ellas. El folleto lo ilustraba Forges y a través del ingenio y la gracia de sus viñetas, nos enseñaba a los asegurados y conductores en general, las pautas a seguir para regresar sanos y salvos de las vacaciones.

Veíamos por ejemplo cómo se cargaba el equipaje de forma correcta o exagerada, cómo rellenar un parte amistoso, a un señor gordo abrochándose el cinturón, cómo apearse del coche sin peligro, teléfonos útiles, un beodo buscando las llaves, diferentes mantenimientos de vehículos, el móvil con forma de tricornio. En fin, muchos ejemplos contados de forma amena y divertida por el genial Forges.

Soy socio de SCAT y creo que copiar la idea de la compañía de seguros podría ser buena. Informar a nuestros clientes a través de un pequeño librito bien editado e ilustrado humorísticamente por Forges, Peridis o Mingote o tal vez por humoristas menos conocidos, ya que seguro su tarifa será más asequible.

A través del lenguaje del humor informaríamos a nuestros viajeros sobre los suplementos autorizados, qué y para qué son las tres tarjetas identificativas, dónde debe ir colocada, cuánto equipaje debemos llevar, el por qué de los suplementos, dónde denunciar las anomalías, teléfonos de radio emisoras, de atención al cliente, de objetos perdidos, por qué pedir recibo oficial, etc.

El librito tendría dos apartados: uno dirigido a los profesionales, y otro a los viajeros.

La parte dirigida a los profesionales resaltaría la urbanidad, el aseo y el comportamiento correcto que merece la imagen de la marca taxi, que jamás debemos olvidar que es un servicio público. Si la idea no la recoge la SCAT, la puede recoger Radio Taxi de Madrid. Pero la conclusción es la misma: informar a nuestros viajeros es un deber y una gran idea hacerlo de forma amena y divertida.

Desigualdad laboral

Las personas cambian: a Eladio le sigue Parrondo, a Parrondo, Funes, y a Funes, Movilla. La duración de la muerte es eterna y la desigualdad en las horas de trabajo siguen igual o peor.

Se admiraba Pascal de la colosal desproporción que existe entre la duración de la vida y la de la muerte; pero tamaño desajuste no concierne a los hombres.

Al igual que Pascal se maravillaba de este fenómeno, yo también me quedo perplejo al comparar la jornada laboral de un taxista de Madrid con la jornada de otro taxista de Paris o con la de un profesional de la EMT.

El Sr. Eladio Núñez debe pensar que cuando hayamos muerto tendremos toda la eternidad para descansar de las horribles y agotadoras jornadas laborales a las que, con su ayuda, estamos sometidos.

Todas las sociedades han ganado batallas decisivas en el acortamiento de las jornadas lde trabajo. Todas aspiran a vivir más y mejor, a sumar más horas de ocio y naturalmente restar horas al trabajo. Sin embargo el panorama de ayer y de hoy en el taxi de Madrid parece mirar más hacia Zambia que hacia Paris.

Antes con el Sr. Eladio y ahora con el Sr. Funes las desigualdades siguen siendo fuertes, preocupantes e inadmisibles. Si la muerte es igualmente larga para todos, la vida es tremendamente desigual. El anterior presidente y el actual de la asociación mayoritaria del sector son los mejores y eficaces colaboradores de tanta desigualdad.

Suplemento conflictivo

Mi inquietud y mi queja se debe a la próxima implantación del suplemento para los servicios que finalicen en las estaciones de tren y autobús. Cada estación tiene sus peculiaridades. Atocha tiene el AVE pero a su vez alberga correspondencias con Renfe Cercanías y enlace con Metro. Lo mismo ocurre en la de Avenida de América, Chamartín y la Sur. No es de recibo encarecer nada menos que en 2.95 euros a toda la población
trabajadora que se mueve como la que va en la EMT u otros medios.

El suplemento dará muy mala imagen al colectivo del taxi, le aseguro que los turistas abrirán los ojos como platos ante un suplemento de difícil comprensión, y lo más bonito que pensarán es que les estamos timando. Además, el complicado acceso al apeadero hará que los viajeros se apeen antes de entrar a la zona de cobro del suplemento. La cara de sorpresa y la discusión está asegurada tanto si se lo cobras fuera como si se lo cobras en el recinto permitido.

Para evitar todo esto lo mejor y (aún estamos a tiempo) es no implantarlo. A cambio podemos recuperar el suplemento de las maletas, con la pequeña cuantía de 0.70 céntimos. Los viajeros sí entenderían este recargp, pues ya estuvo en vigor y no hubo conflictos ni problemas.

En cuanto a las otras modificaciones de la tarifa las veo bien. El adelanto de la tarifa nocturna y los sábados a las 17 horas con la T2 son buenas medidas. Salir a trabajar una hora antes, los festivos y los sábados en plena crisis es un error inmenso. Todos esperábamos volver al horario anterior de las 24 horas. Una vez superada la crisis se puede permitir trabajar de nuevo a las 22 horas.

Simple sentido común.

Feliz fin de semana

Amigos: el pasado viernes el locutor se despidió de sus oyentes deseándoles un feliz fin de semana. Este deseo cobró su significado sobre todo para las licencias pares. Los impares hemos trabajado los dos días. El cansancio no ha sido para tanto y nuestros viajeros han estado perfectamente atendidos.

El azar del calendario ideado por el sargento "Lupiañez" le ha proporcionado a los pares un feliz, fantástico y merecido fin de semana, de tiempo libre ininterrumpido, sin engorros ni cortes como los que supone el trabajar hoy pero mañana descansar, rutina que rompe bruscamente el tiempo libre y el de trabajo.

Un par de "amigos pares" me han contado la escapada de turismo rural y activo de que han disfrutado. Mis amigos han elegido el Valle Alto del Lozoya. Para no desperdiciar ni un segundo de este fin de semana caído del cielo (a saber cuándo llegará otro), el viernes se levantaron temprano para trabajar y, de esta forma, después de la jornada de doce horas partieron a la casa rural La Era Chica, localizada en Garganta de los Montes. Estrellas, aire limpio, sol, agua, chimenea, conversación, buen vino, amor, ejercicio físico y cultura de la trastienda del tiempo, que nos recuerda de dónde venimos.

Según mis amigos, la población del Valle Alto del Lozoya que aglutina mayor interés monumental es Rascafría, pues a su Iglesia de San Andrés se une la Cartuja de Santa María del Paular, con su Sagrario transparente. Hablan del Cuadrón, de Canencia de la Sierra, de Garganta de la Sierra e Isaías, eufórico, exclama: "Dentro de quince días conoceremos el Valle Medio del Lozoya y más adelante el Valle Bajo del Lozoya". “Para, para”, replica Serafín, "que el azar del calendario no nos depara tantos fines de semana libre seguidos".

La casualidad y el calendario no, pero Funes, Mariano, Esteban y Mostaza seguro que sí. O, no. Ya veremos… Ósculos.

No hay palabras

Ignoro si puede existir alguien que sienta admiración por el periodista Eduardo García Serrano. Seguro que esa admiración no se debe al programa "La Verdad del Taxi". Cada vez que oigo al periodista, a los participantes y a la productora me quedo sin palabras.

No puedo nombrar lo que siento, nacen gestos, muecas de fastidio, el brazo grita, el puño se tensa, las cejas se arquean, se frunce el ceño, más ademanes, más gestos, más tensión, no hay palabras. "Quién cojoooo...", dice el pensamiento, el rostro se torna de gris marmóreo y los pies se convierten en patas de galgo. Para "La Verdad del Taxi" no hay palabras, sólo dicionarios y gestos.

Gracias Alfonsina por anunciar que pronto dejarás de pagar la producción de semejante bodrio. Eduardo García Serrano estará encantado de perderla de vista.

Capítulo 2. Todo Madrid se entera del absurdo del gasto de papel




Capítulo 1. Lo inútil que resulta imprimir recibos en el taxi






¿Para qué tantos recibos? ¿Para qué tanto papel? 1 de cada 10 viajeros pide el ticket...

El taxista cubano

Publico una carta de María Sánchez Robles a la radio:

Desde Alcorcón quería agradecer a un taxista cubano, cuyo nombre no conozco ni me fue facilitado, su maravillosa actuación ante la mirada boquiabierta de tres jóvenes en su primera visita a La Habana. Les escribo a ustedes porque no tengo ningún medio de hacerlo a aquel taxista de la perla de las Antillas, pero es como si mi agradecimiento fuera para todos aquellos conductores del taxi que hacen agradable la estancia de los turistas en sus vacaciones. Aquel definitivamente lo consiguió: era primera hora de la mañana y nosotros salíamos a conocer la Habana Vieja, un poco desorientadas y expectantes. A nuestra tímida tentativa de hablar con el conductor, él nos respondió con alegría y ganas de corresponder a nuestras dudas; así, nos contestó las preguntas que desde siempre habíamos tenido con respecto a aquel país, y nos fue mostrando los caminos por los que pasábamos: el Malecón, el rincón del Hammel, la Plaza de las Armas, el hospital Camilo Cienfuegos y tantas otras cosas. Incluso encendió la radio para que tuviéramos la oportunidad, en vivo y en directo, de escuchar las noticias del Régimen, la música cubana - la emisora puso una canción sobre la Mujer Latina - y las radionovelas trasnochadas que aún las ondas ofrecen en la isla. Muchas gracias por presentarnos de forma tan encantadora la Cuba de la calle, desde aquel taxi viejo y traqueteante, como los decimonónicos trenes europeos. Y gracias por extensión a los taxistas que se involucran en las expectativas jugosas de los turistas que llegan por primera vez a una ciudad, ya que es una suerte toparse con ellos y disfrutar del aroma cotidiano de que son portadores.

La importancia del ritual

Todavía recuerdo, como si hubiera ocurrido ayer mismo, la insólita toma de uvas de 1974. Por aquel entonces solía trabajar en el turno de tarde-noche. Fiel a lo que siempre he creído que era el servicio público del taxi, estaba decidido a cumplir rigurosamente con mi turno. Tenía por delante muchas letras que pagar, tantas como años de juventud.

El tren llegó con retraso y los taxis escaseaban, así que el viajero respiró tranquilo cuando se aseguró uno para él. Cargamos dos pesadas maletas, varias cajas y unas alforjas de primera categoría. Ni que decir tiene que hoy en día ya no quedan alforjas como aquellas, las recuerdo con exactitud.

-¿Usted no será capaz de llegar a casa de mi hijo antes de las uvas?- me preguntó.
-Si es cerquita, sí-, respondí con benevolencia.
-Mi hijo vive en el número 42 de la calle Polvoranca. En Alcorcón.
-Olvídese-, le dije- las campanadas las oiremos por Radio Nacional de España.
-Vaya, un año más que tampoco tomaré las uvas en familia-, suspiró.
-¿Le trae usted las uvas a su hijo?
-No, pero si llego a saber que el tren se retrasaría tanto, habría traído una caja -reflexionó, para luego sugerir- ¿no llevará usted uvas en su taxi?
-Pues no, uvas no llevo-, comenté. De pronto, el viajero me dijo su nombre y preguntó el mío-. Mi nombre es Isaías y ¿el suyo?
-Yo, Celedonio-. El locutor de RNE decía en ese momento que faltaban quince minutos para terminar el año. Explicaba lo del carillón, los cuartos y los segundos de espera entre campanada y campanada.
-Y, encima, el locutor dando la matraca-, murmuró el señor Isaías-. Mire, Celedonio: acabo de encontrar la solución para la toma de las uvas-, declamó de forma ceremoniosa-. Cuando pueda, pare en un sitio tranquilo y sin peligro.

No comprendía pero obedecí al viajero. Desvié el taxi por la salida de la Puerta del Ángel hacia la Casa de Campo y aparqué al lado del Restaurante Currito. El señor Isaías me ordenó que sacara las alforjas del maletero. Se las entregué y extrajo dos botas de buen vino. Me inquirió si sabía beber por la bota. "Claro, soy un experto", sonreí. "Bien, pues cuando suenen las campanadas, usted desde esta bota y yo desde la otra beberemos doce traguitos del hijo de la uva", sentenció. Y así fue, aunque quizá bebimos bastante más caldo que el que producen doce uvas... Sin embargo, el señor Isaías resolvió que eso no tenía importancia, pues lo verdaderamente relevante de la situación era "el ritual". Y el hecho de que los dos, como dijo, íbamos a tener "mejor año que el mismísimo Franco". Después de los doce tragos, nos abrazamos y nos deseamos buena salud y, la verdad es que a ambos nos fue mejor que al jefe del Estado, que ya no podría tomar las uvas del 75. O las de la libertad.

Vendo licencia

Vendo licencia de jubilado y con la ventaja de disfrutar tres días libres, perdiendo sólo uno durante 26 fines de semana al año. Una licencia de primera línea de playa. En el caótico Madrid sólo hay un 40% con esta ventaja. Aprovecha que sólo son 6.000 euros; en 30 o 35 años, hay muchos fines de semana. Podrás disfrutar de tres días de playa, de montaña, tu huerto será el mejor cuidado, sentirás la tranquilidad del turismo rural, podrás emborracharte y volverás al trabajo sin resaca.

No temas, el Ayuntamiento derrumbará los puentes, "tunelará" la ciudad, la pondrá patas arriba pero el sistema de libranza de 20.000 personas nunca lo cambiará, tu inversión siempre estará asegurada, tu tiempo libre siempre estará razonablemente mejor programado que el del otro 60% de la flota. En definitiva, te "desagobiarás", te "desestresarás" de la hostil ciudad. La licencia que vendo a mí me ha dado lo anteriormente citado y sólo vale 6.000 euros más. Señor Adrados, no me ----------, el sistema de libranza ni tocarlo, en el sector del taxi es mejor que nunca pase nada.

Ósculos.

Titular de licencia terminada en siete.

Superman

Aquella soleada mañana la circulación era armoniosa y rítmica. Los 50 o 60 vehículos circulábamos por la M-40 respetando el límite establecido. Entre 102 y 98 kilómetros por hora, sin pasarnos pero sin descuidarnos. De repente apareció en mi retrovisor un vehículo negro con el techo y la capota decorados con puntiagudas lenguas de fuego. El vehículo sobrepasaba 50 o 60 kilómetros la velocidad permitida. El bólido zigzagueaba de carril en carril rebasando temerariamente a los demás vehículos.

Hacía tiempo que no ejercía de Superman, así que para evitar que le quitaran unos puntos y le impusieran una sanción o quizás algo peor, utilicé el poder de mi mente y en menos de tres segundos quedó instalado en el sistema electrónico del vehículo un sofisticado limitador de velocidad. El automóvil entonces se sumó al armonioso tráfico. El conductor de gafas negras pisaba desesperadamente el acelerador y golpeaba el volante gritando "¡vamos, vamos, mierda, ¿qué te pasa?!". Para tranquilizarle, aproveché las ondas hercianas y con suave voz, transmití este mensaje:

"Amigo, la Dirección General de Tráfico sabe que usted sobrepasa con frecuencia los límites establecidos. Sepa que en su vehículo ha sido instalado un limitador de velocidad con un programa informático que registra todos los límites establecidos en la Unión Europea. La M-40 en toda su extensión está limitada a 100 por hora y por mucho que usted aplaste el acelerador, el vehículo jamás pasará de 100 kilómetros hora. Sosiéguese, próximamente, entrará en una zona de obras, cuyo límite es de 60 kilómetros hora. Tanto la DGT, como las posibles víctimas, usted incluido, le agradecen su conducción ejemplar".

En lugar de cárcel, la DGT ha elegido para los reincidentes limitadores de velocidad.

Historias casi reales

Ilustrísimo señor Presidente:

Unas líneas para informarle de la situación que atraviesa la Asociación Gremial. Durante sus vacaciones han ocurrido algunas cosas que conviene que usted sepa para que las valores y tome las medidas oportunas.

En primer lugar, quiero que sepa que nuestro querido secretario señor Secundino Pérez se encuentra algo mejor del tremendo coscorrón que sufrió al saltar por la ventana de su despacho, después de que se declarara el incendio en la sede de nuestra asociación. Probablemente pierda la poca memoria que le quedaba. Los inconvenientes son graves, pues es el único que conoce las combinaciones de la caja fuerte, así como las claves bancarias de la entidad. En la caja fuerte se encuentra celosamente guardado su programa electoral, el que sacará al sector del taxi de 28 años de anquilosamiento y parálisis. Por fortuna, los médicos creen que Secundino recuperará parte de la memoria y caminará con el mismo balanceo en un plazo de dos años aproximadamente.

Como el incendio fue causado por un descuido del delegado de paradas, señor Pedro Panizo, la compañía aseguradora no se hace cargo de los 450.000 euros que cuesta reparar y restaurar el inmueble. Pero lo importante es que Don Pedro se encuentra bien, sanote y bien gordote, incluso más que antes de incendio. El resto de la junta y los trabajadores se encuentran todos bien. Jesús sigue aún más callado y ensimismado que ante del suceso.

Ahora que conoce la situación, es preciso que le diga que todo es una historia casi real, que no hubo incendio y que el edificio se encuentra en perfecto estado.
El secretario sigue con su escasísima capacidad de acción; camina con el mismo balanceo de los patos del molino; al señor Panizo casi no le queda cuello y es que para habitar un despacho, no todos tienen la madera del señor Eladio. Su programa electoral sigue bien guardado en la caja fuerte. Le informo de que en estas elecciones se presenta al equipo de Nueva Gremial y que su programa se conocerá en pocos días. Creo que los taxistas no le van a permitir a usted que vuelva a incumplir sus promesas de nuevo.

Señor Eladio, si pierde las elecciones, consuélese pensando en que hay cosas peores. Incendios, terremotos, inundaciones, etc. Perder las elecciones para usted es una minucia, pero para el sector del taxi será un cambio extraordinario. Alegre esa cara y que tenga un feliz regreso.

Rectificar es de sabios

La propuesta de Federación Profesional trata de recuperar los suplementos que se perdieron ("noche", "equipajes", se olvidan de los perros). Julio Sanz y Francisco Merchante ya eran miembros de la Junta de Federación Profesional. El "Eladio", además, soportó cuatro años sin revisión tarifaria. El señor Eladio Núñez se conformará con un raquítico 6%, que se quedará en un 5.80%. Muy lejos del 26.87% solicitado por los mismos, que nada dijeron cuando se perdieron.

Me daré con un canto en los dientes si la Municipalidad se digna a devolvernos los suplementos de canes, maletas y la ansiada Bajada de Bandera nocturna. Entre las170 pesetas de ésta, más las 150 de suplemento, sumaban 320 pesetas de hace nueve años. La misma que reclama ahora la Federación Profesional. Si además nos concede ese pequeño adelanto de horas nocturnas y el sábado festivo, miel sobre hojuelas.

La propuesta de Federación Profesional, como dice el título de este escrito, es una sabia rectificación y a mí, personalmente, me parece que así debería ser la estructura de la tarifa. Como socio de AGETAXI y de la Asociación Gremial, y simpatizante de UGT-UPT, pido a las tres asociaciones que propongan algo similar a la propuesta de Federación. En el tema tarifario, conviene una sola voz; de lo contrario, seguiremos con subiditas lineales que no llegan al 5.80%.

El estilo de la Gremial y después de "concienzudos" estudios ya no vale. Ya no vale: diez céntimos a la Bajada de Bandera, cien céntimos a la Tarifa Horaria, seis a la kilométrica T1, seis a la T2, y cuatro a la "tarifa eclipse T3", más setenta céntimos para los tres suplementos. Todo junto equivale a un escaso 6%.

La Municipalidad debe complacer al señor Usía y con la propuesta de Federación Profesional, éste y los demás viajeros no tendrán problemas de taxis. Con el estilo lineal y con la actual estructura tarifaria, el señor Usía seguirá escribiendo chorradas. Por favor, una sola voz o propuestas idénticas.

En busca del suplemento perdido

"¡Qué pasa con ustedes! ¡Llevo media hora esperando un taxi! El ayuntamiento debería conceder cinco mil taxis más; ¡y encima, se quejarán de que tienen poco trabajo!". Expresiones así de airadas y malhumoradas no se oían antes de que el legendario suplemento nocturno desapareciera. Es decir, hace ahora nueve años.

La perspectiva del tiempo nos permite ver con más claridad el enorme error cometido por Eladio Núñez y Juan Sánchez, presidentes de la Asociación Gremial y de la Federación Profesional del Taxi, respectivamente. Ambos, con el visto bueno del ayuntamiento, cambiaron la estructura tarifaria en 1997. Con dicho trueque perdimos dinero en todos los servicios inferiores a cuatro kilómetros y en los servicios de un kilómetro, la cuantía llegaba nada menos que a las noventa pesetas.

Tomás Aparicio, anterior presidente a Juan Sánchez, repite hasta la saciedad que lo que se firmó entonces consistía en que la tarifa nocturna sería un 35% superior a la diurna, y que esa diferencia compensaba al suplemento de 150 pesetas. Hoy, nueve años después, la realidad es que la diferencia es sólo del 15.85%, un 19.15 inferior a lo pactado. Además, para cobrarlo es preciso circular a más de 16.16 kilómetros por hora. La bajada de bandera y la tarifa horaria, registran el mismo precio a todas horas.

¿Qué teníamos en el año 1997 que no tenemos ahora? ¿Por qué trabajaban más taxis por la noche? ¿Por qué eran preferibles las carreras cortas que las largas? La respuesta está en la vieja tarifa del suplemento perdido. La bajada de bandera y este suplemento sumaban entonces 320 pesetas, lo que constituía un buen aliciente para animar al taxista a trabajar de noche. ¿Cómo sería hoy la bajada de bandera si no se hubiera cometido dicho error?

Aplicando una subida anual de diez pesetas, hoy el suplemento ascendería a las 240 que, sumadas a la actual bajada de bandera –291 pesetas–, harían que cobrásemos 531 pesetas. Parece que la próxima tarifa, para las noches del sábado y el domingo, será de 482 pesetas, 49 menos que las que tendríamos con el sistema tarifario antiguo. Además, éste presentaba la ventaja de que era para todas las noches y no sólo para fines de semana.

Como veis, se está gestando un nuevo desacierto. ¿Qué ocurrirán las noches de lunes a viernes? Por favor, no tropiecen de nuevo con la misma piedra. Seguro que existen más motivos para que falten taxis, pero en mi opinión, el error del suplemento perdido es una razón de mucho peso.

El multimensaje

El presidente de RTT se queja amargamente de las trabas y zancadillas que le ponen las actuales normas, para buscar y contratar publicidad para los socios a los que representa. Julio Hernández señala a Julio Sanz y sobre todo, "al Eladio". Julio Sanz ni pincha ni corta. No sólo hay que quejarse amargamente, sino que hay que actuar e implicarse. El próximo 28 de octubre, el multimensaje de RTT tiene que echar humo, tiene que apoyar abiertamente la candidatura de Julio Moreno, José Luis Fúnes, y, ojalá, la de Pablo Soriano. Todos sabemos que esta candidatura quiere normas ágiles, sin trabas, sin zancadillas, normas que ahora favorecen a los mediocres. El multimensaje tiene que recordar la frustrada campaña de Vodafone, la idiotez de imprimir los tickets sin que los pida el viajero, gastando papel, tinta y placas base de impresoras, recordar el capillazo, los suplementos de equipajes y nocturnos perdidos. El Eladio lleva 28 años, 10.220 días viviendo del sector pero cuando verdaderamente se le necesita desaparece como el Guadiana. El Eladio es, por tanto, mediocre para todo el sector pero para RTT y para los 1.200 socios que pagan en la AG, es un auténtico lastrazo.

Encontrado en www.todotaxi.es

Añoranza del tiempo libre

Amigos: al regreso valoramos con más intensidad las cosas más sencillas. El cuenco de agua fresca y pura de cualquier manantial, los frutos recién cortados, mojar una hogaza de pan reciente en aceite de oliva, bañarse en el charco del piélago, en el del Estudiante o en el del Infierno, porque el suelo es de roca negra como la madera de ébano que convierte su agua en auténtica fosa marina. Hay que tener un buen par para bañarse en el charco del Infierno, no puedes evitar el presentimiento de que un remolino va a tragarte de un momento a otro.

Las caminatas o paseos por rutas y senderos silenciosos entre gigantescos alcornocales, potentes robles y espesos madroñales, imposible citar todo el bosque mediterráneo. Terminar el paseo como dice Vicent a la caída de la tarde ante un crepúsculo de almíbar, o como describió Homero a la Aurora. Dedos de rosa acariciando la Tierra.

Días de vino y rosas, de aperitivos en variadas bodegas, de pregones, de convites y sangría, de mantel compartido en conocidos restaurantes. Berenjenas rellenas de carne y gratinadas con queso, patatas meneás, pimientos rellenos, alcachofas a la manera judía. Se desechan las primeras capas para que queden las hojas más tiernas, se cortan ligeramente las puntas y después se aplastan contra el mármol de la cocina con pequeños golpes hasta dejarlas bien abiertas. En el corazón de la alcachofa se pone sal, pimienta, mantequilla, y un poco de ajo, todo previamente macerado con una clase de hierbabuena conocida como la mentucca. En una cazuela con poca agua y bastante aceite se colocan las alcachofas con el tallo hacia arriba bien entibadas para que no se vuelquen con el hervor del fuego, que debe ser muy fuerte desde el principio, el agua se evaporará con rapidez y las hojas de las alcachofas quedarán braseadas por el aceite. Si sales ileso del charco del Infierno, con las alcachofas tocarás el cielo.

El segundo plato y los postres, si queréis conocerlos, en Santibáñez de la Sierra, entre la Sierra de Béjar y la Peña de Francia. Hemos bailado, cantado, charlado a la sombra de las acacias del humilladero, que en mi pueblo llaman la Moncloa y los más viejos, el bojordo. En el atrio tumbados boca arriba, hemos contado las estrellas. Con melancolía, comento: "Qué grande y qué redondo es el mundo y qué deprisa gira". Mi amigo me anima: "No te preocupes, repetiremos todo esto en cuanto tengamos un fin de semana libre". "Qué pelotudo eres, qué más quisiera yo que tener 26 fines de semana libres seguidos y no 52 salteados. Es más, con 26 fines de semana libres seguidos, podría disfrutar muchos de ellos de cuatro días, pues mi licencia libra los jueves, y no trabajando el viernes, juntaría cuatro días de auténtica vida".

Bamba

"¿Algún coche libre que no le importe llevar un perro a la calle Ochagavia nº39?", suplicó desesperada por enésima vez la señorita de la central. Si antes de retirar el suplemento de los perros ya había muchos taxistas que no querían llevarlos, desde que el Ayuntamiento de Madrid, con el visto bueno del señor Eladio Núñez, lo suprimió, la vida de los dueños de los perros se ha complicado enormemente, puesto que cada vez son menos los taxistas dispuestos a realizar estos servicios. No estaría mal que la Municipalidad y el señor Eladio rectificaran, y al igual que en Barcelona, se implantara de nuevo el suplemento (naturalmente, sin obligatoriedad para el taxista), ya que de esta forma se evitarían problemas como los que les cuento a continuación.

Yo me encontraba muy alejado de la calle Ochagavia, pero como siempre me han gustado los perros, aun sabiendo que perdería dinero, decidí apretar el botón del micro y aceptar. La operadora respiró aliviada cuando vio en su pantalla mi clave - X366 -. Enseguida dijo: "Diríjase a la calle Ochagavia nº39, a la Sociedad Protectora de Animales, a nombre de Leonor". Recibido.

Para no llegar con mucha cantidad puse mi taxímetro en la tarifa cero y circulé así más de dos kilómetros (pequeños detalles que algunos taxistas tenemos hacia nuestros viajeros). A mi lejanía se sumó otro problema: desconocía dónde estaba la calle Ochagavia, además de que el nº39 está en un fondo de saco y su acceso cortado por unos escalones. Con paciencia y preguntando, llegué por fin a la puerta. Muy al contrario de lo que yo esperaba, probablemente una bronca, la señora Leonor me recibió cariñosamente. Con gran trabajo, se acomodó en el taxi, suspiró y dijo: "Gracias hijo, gracias. Su taxi son mis piernas". Sonreí y pensando que no iríamos muy lejos, le pregunté: "Y el perro, ¿no tenía usted un perro?"- "claro hijo, pero mi Bamba no está aquí, mi Bamba está en el quinto pino"- respondió, y me pasó un papel con un plano, en el que estaba señalado con una X el punto exacto donde se encontraba, en la carretera del Pardo a Fuencarral, kilómetro 3.800. "Ahí, donde está la cruz, ahí está mi Bamba, así que tenemos que ir, recogerlo y volver a mi casa, en la calle Artajona".

¿Y cómo es que habían llevado el perro tan lejos? Como teníamos tiempo, la señora Leonor se dispuso a contármelo. "Desde que sé que mi Bamba está bien, me han entrado ganas de hablar"- me dijo. "Verá, ayer por la tarde, salí como todos los días a pasear con el perro por el parque que da a la calle Alcalde Martínez Alzaga, y una vez dentro, lo solté como hago siempre, para que el perro se sienta libre y pueda moverse aunque apenas se aleja mucho de mi. Pero, sin saber cómo, desapareció. Aturdida y asustada, empecé a buscarlo y a llamarlo, "Bambaa, Bambaa"... Al oír mis gritos y mi desolación se unieron a mí todos mis vecinos y conocidos. Recorrimos el parque, las calles del barrio, organizamos patrullas... pero nada, anochecía y ni rastro de Bamba. Después de pasar una de las peores noches de mi vida, salí de nuevo a la calle con la esperanza de que alguien supiera algo. Me acerqué al Centro de Protección de Animales de la calle Ochagavia, y me dijeron que una señora les había llamado explicándoles que se había encontrado un perro abandonado y preguntado si ellos podían hacer algo por el animal. "De manera que los de esta sociedad fueron a casa de la señora y trasladaron al perro a donde los guardan hasta que alguien los adopte de nuevo". Hizo un alto y tomó aliento.

"No sabe la noche que he pasado, y qué noche habrá pasado mi perro, seguro que ya no se vuelve a despistar. He llamado a mis hijas, que viven en Santander, y una de ellas, bromeando, me ha dicho: 'Mira que si te lo han secuestrado y ahora te piden dinero para que te lo devuelvan... tú, mamá, no sueltes un duro, que sólo es un perro'. Pero, ¿cómo va a ser sólo un perro? Le he contestado que estaría dispuesta a dar medio millón, y muy seria me dice que no sería capaz... pero, hija mía, si ese perro es nuestra vida, la de tu padre y la mía...'qué exagerada eres, mamá', me ha dicho".

¿Exagerada? A mí al principio también me lo pareció. Sin embargo, a medida que avanzaba el relato... La señora Leonor parecía estar viva por ese animal, Bamba. Un perro que había llegado a ellos para salvarles, para devolverles la felicidad que siempre habían tenido ella y su marido, un hombre con un fuerte temperamento, pero "con un corazón que se salía del cuerpo de lo grande que era". Leonor me contó que gracias al animal había superado una "depresión de caballo" que, ni pastillas ni vitaminas conseguían curar. El médico, sin saber qué hacer, le regaló a Bamba y sin saber cómo, el animal logró lo que la ciencia era incapaz: a los quince días Leonor volvió a ser la misma de siempre. Pero no sólo esto hizo Bamba, salvarla del abismo, sino que cuando ella, más tarde, hubo de enfrentarse a un cáncer de pecho, el perro salvó también a su angustiado marido, ahuyentando la depresión al proporcionarle un entretenimiento, el único que era capaz de encontrar: el del paseo y la comunicación con Bamba. Leonor hizo mención también a la los taxistas, que la habían trasladado muchísimos días a las sesiones de radioterapia, y que la habían acompañado hasta dejarla en casa, porque su marido flojeaba y no podía soportar verla en aquellas condiciones.

Por ello el reencuentro fue apoteósico. Bamba se lanzó hacia ella como el futbolista que celebra un gol decisivo. Jadeaba y emitía pequeños ladridos, sólo le faltaba hablar. La señora Leonor lloraba y yo, observaba la escena con una sonrisa de Gioconda. Sorprendido y atónito, pero sin saber por qué también estaba contento, contento de ser taxista y de haber decidido salir al servicio de la calle Ochagavia.

La vuelta fue más rápida, pero aun me quedaba algo más por ver en esta historia. Me quedaban los rostros de las más de veinte personas que esperaban en la calle Artajona a Leonor y a Bamba, en su lugar de residencia, y desde luego, me faltaba por ver al señor Isaías, el marido de Leonor, un hombre alto, fuerte, de rostro angulado, mirada profunda, voz potente, que exclamaba: "¡No es posible que este canijo que se asusta de un ratón me esté haciendo llorar como un magdaleno!" Los allí presentes bromeaban con el señor Isaías hasta que por fin le salió la vena de su temperamento, y con su voz potente y firme, dijo: "¡Me cago en Cristo !, Arturo, Eusebio, de qué mierda os reís, sois unos insensatos, unos insensibles, ¿no podéis comprender lo que se puede llegar a querer a un perro...?".

Claro que sabemos lo que se quiere a un perro, pero nos reímos de tu alegría, de tus lágrimas, de tu emoción, que también es la nuestra.

El móvil de la ira y el móvil de la alegría

El traje se acomodó en el taxi y después de saludar, me indicó la dirección. "A Ifema, por favor". "Bien", le contesté. Observando al cliente a través del espejo pude ver cómo resoplaba y movía la cabeza, dando testarazos al aire y al móvil que apoyaba en el oído, mientras murmuraba un "será cabrito... dónde se habrá metido el mamón". Al fin alguien respiró al otro lado. El viajero habló a borbotones: "Martín, ¿qué pasa contigo? ¿dónde te has metido? Llevo veinte minutos esperándote y no apareces por ninguna parte. Esto no es serio, sabes que estamos a tope de trabajo y tú sin aparecer, ¿qué tienes que decir? Explícate de una vez... ¡de modo que te enrollaste anoche y te has dormido!" El hombre tomó aire y cambió el tono de voz, ahora sarcástico: "El caballero estuvo anoche de juerga y como hoy no tenía nada que hacer se queda dormido a pata suelta. Escucha con atención que no te lo voy a repetir: antes de veinte minutos te quiero en el expositor de la feria; te afeitas, te aseas, te vistes, tomas un taxi y lo dicho ¡veinte minutos! y ¡ah! el taxi lo pagas de tu bolsillo... ¿cómo? ¡ni hombre, ni mujer, ni padre ni madre! ¡de tu bolsillo! Adiós". Apagó el móvil con rabia.

Madrid estaba más embotellado que el miércoles santo a las dos de la tarde. Coches, coches y más coches, todos intentando avanzar a punta de aleta. Y un helicóptero en lo alto observaba el maremágnun e informaba a nuestro alcalde de que no había ningún atasco en Madrid. Esperé a que el viajero me preguntara cuánto tiempo tardaríamos en llegar. Para aminorar la tensión le contesté cuando lo hizo "que no mucho, pero antes que Martín, seguro". Sonrió. "¡Ah, Martín, Martín! Este Martín me va a matar a mí o lo mato yo a él".

Unos minutos, y el caballero volvió a tomar el móvil para hacer una nueva llamada. "Hola-Sofía-cómo-estás", dijo. Explicó el incidente de Martín y supe que éste y Sofía eran hermanos. "Tu hermanito continúa haciendo de las suyas; veinte minutos esperando y ¿dónde crees que estaba?... Has acertado, en la cama. ¿Está Marta contigo? Pásamela... da igual que esté adormilada, pásamela”. Esperó una fracción de segundo, pero con impaciencia. "Hija, ¿has dormido poco? Te oigo bostezar... ¿que es el calor del taxi? Yo también voy en uno y no tengo sueño". Dijo resuelto, desenfadado. La mágica voz de Marta había conseguido el milagro: de su frente había desaparecido el ceño fruncido, y ahora una mueca simpática se dibujaba en su cara. La mirada iracunda había tomado el brillo del sosiego y a cada ocurrencia de la niña, el hombre reía repitiendo todo lo que decía.

Conseguimos llegar al final del trayecto. Cuando extendí el recibo con el importe, comenté lo siguiente:

- Me alegro de poder llevar en mi taxi a un hombre feliz, creo que a Martín ésta vez le ha salvado su hija Marta.
- Cierto amigo, pero mi hija no solo ha salvado a Martín, nos ha salvado a todos. Le voy a contar cómo ha venido Marta al mundo. Yo tengo otra hija, de veintidós años, y Marta ha nacido diecinueve años después. Tanto su madre como yo, sobre todo yo, estamos como un cencerro de locos y contentos. ¡Es más lista que los ratones coloraos! Fíjese el último consejo que me ha dado: "Papá, prométeme que vas a perdonar a tío Martín, porque si no lo perdonas, no me va a traer ningún regalito y yo no tengo la culpa de que las personas mayores seáis tontas y os rodeéis de problemas".
- Creo que su hija tiene mucha razón, que pase un buen día. Gracias.